una casa con ramitas

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I


Los destrozos no devuelven lo que perdiste.

Esparcir y recoger,

limpiar, barrer.

Levantarse.

Es necesario parecer viva

para que nadie note la pausa.

 

La gente mira porque no espera

una sorpresa.

Los provocás a todos

con la novedad.

 

Hacés círculos

en la tierra,

mirando para abajo.

Recordás esos cantitos

aprendidos durante años

en el mismo árbol.

No estás crecida o

guardada.

Eso inquieta a cualquiera que no necesite

una sorpresa.

 

La sombra cambiante de tus ojos,

medio triste pero nueva.

 

El beso inalterable,

los abrazos enseñados.

 

Los hijos.

 

Esas cosas tienen el olor

del inocente que fabrica un jardín

de su mismo talle.

 

En cada intento

te alejas cada vez más

de tu cantero.

 

- ¿Puede una rama existir sin vuelo?

- No:

El olor a fruta que cae

solo puede salvarnos una vez.

 

No sos tan valiente

entre otras cosas.

Pero ¿qué vas a hacer?

Tu sensatez no se parece a ninguna otra.

 

 

II


En un suelo que hierve de hormigas

¿para qué sirve una semilla?

 

Pasan los años,

ella se encorva

y respira en el angosto espacio

que existe entre los límites y su transgresión.

 

Nunca fuimos amigas

pero bailamos juntas en el desastre,

contentas de formar parte

de la misma mugre.

 

El brillo de la risa en el vientre

bajo los ojos de gente muerta, viva y por nacer.

Todos nos perdimos el mismo día.

 

En ese fuego que trae la angustia de no saber

es donde nace el cálculo perfecto

de la agonía.

 

Cuando todo en el cuerpo

es carne de matadero.

 

solo queda el exilio.

 

Solo un cuerpo exiliado

del hábito de compartir

conoce la dosis exacta

de indiferencia

para provocar

el desencuentro.

 

Las hormigas devoran en silencio.

El silencio es la versión más antigua

del enojo.

 

Porque elegimos esta soledad de palabras

y no otra,

solo queda hacer una casa con ramitas.

 


III


Merecería ser mi paciente

porque no sabe jugar.

Un tramo de camino se sostiene rojo

solo cuando lo pienso.

“Ahora los caminos van juntos.

Ahora separados”

Escribe sin enterarse del ciclo de la distancia

como si estar lejos fuera el único viaje posible.

 

Las tardes sin mate

derrumban a Ganesha y su cabeza de elefante.

 

 

Se muda el abrazo con tantas excusas.

 

Cree que mutar es el don

de los que se convierten  en su propia morada.

 

 

(Esto no es suficiente para ser humano)

 

 

Podríamos seguir tejiendo pretextos,

seguir siendo esclavos de la suposición

hasta superar el asco.

“Disfrutar de una gran fortuna

y una nueva oportunidad en la vida”

como indica esta galletita de la suerte.

 

Yo también merecería ser su paciente

porque no sé esperar.

A veces no es tan simple soportar

las consecuencias de mi imaginación.